martes, marzo 07, 2006

MIENTRAS, EN ROMA

"Abrid paso a Druso Cesar, hijo y heredero de Augusto", gritaban los lictores mientras obligaban a la muchedumbre que abarrotaba el Foro a apartarse. En la mejor tradicion republicana, el segundo hombre de Roma caminaba por las calles soportando las mismas incomodidades que el ultimo de los ciudadanos.
Aunque, gracias a su escolata de doce lictores, no tenia que abrirse paso a empellones, si que tenia que soportar los exabruptos que los alborotadores podrian lanzarle camuflados entre la masa y la vision de las pintadas en los muros. Hoy, al poco de salir de casa camino del Senado, Druso se habia encontrado de cara con una pintada que decia "¿como llamarias al hombre que tiene que adoptar a su propio hijo para hacerle heredero?".
Tras salir del hervidero que era el Foro, Druso y su comitiva se dirigieron con toda la rapidez que su dignitas permitia hacia la casa de Augusto en el Palatino. Al Princeps le gustaba aparentar sencillez republicana, aunque si era necesario podia actuar como el mas despiadado de los tiranos orientales, y su casa, aunque explendida, era una más entre las que los patricios romanos habian construido en aquella colina con el fruto de sus botines recogidos en medio mundo. Los guardias pretorianos, ataviados con unas armaduras anacronicas que hacian pensar a Druso que Anibal habia alcanzado de nuevo las puertas de la ciudad, le abrieron paso hacia el atrium, donde el mayordomo le espera para llevarle a presencia del Cesár en el jardin.
El anciano decrepito que era Augusto inclino la cabeza e hizo un gesto a Druso para que se sentara a su derecha.
-"Te he llamado para hablar de ese hijo tuyo"
-"Germanico?"
-"No, el otro"
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