viernes, abril 21, 2006

El mago y su pajaro

Pinciano empezo a izar la soga, haciendo a un lado su largo manto blanco para que no le estorbara, hasta sacar el chorreante pellejo de piel de cabra . Lo coloco sobre su cabeza y dejo que el agua que goteaba le callera sobre la cabeza y le bajara por la espalda. ¡¡Que placer sentir el frescor del agua fria!!. Miro al horizonte y comprobo que el sol empezaba a ponerse y pronto se pondrian en marcha de nuevo.
"¡¡Criso, Apicio, Balbo!!. Empezad a ensillad los dromedarios, quiero salir dentro de media hora. ¡¡Marco!! encargate de apagar el fuego y cubrirlo con arena. Que no quede rastro. ¡Petro!, ayudale."
Implacable como un vendaval, Pinciano cruzo el pequeño campamento mientras una docena de legionarios se atereaban en cumplir sus ordenes, sus capas blancas aleteaban como hojas dispersadas por el viento al paso de su centurion. En una docena de pasos se planto frente a la tienda de Artemidoro. Recurriendo a toda su fuerza de voluntad contuvo un escalofrio.
La tienda era obscura, no simplemente negra, sino de un color que Pinciano solo sabia describir como Medianoche y que se desplegaba formando un cilindro de unos tres metros de diametro. En su tela habia bordadas con un hilo de color azul metalico constelaciones de extraños dibujos, simbolos arcanos y pasajes escritos en alfabetos cuyos caracteres parecian serpientes retorciendose. En su interior... ¿que habria en su interior?, Pinciano no lo sabia y preferia seguir sin saberlo.
Para rematar el horror, en la bola azul electrico que remataba el mastil de la tienda estaba encaramado Estinfalio, el halcon de Artemidoro. De lejos parecia un ave normal, pero de cerca apestaba a muerto como una fosa comun. En su plumaje se veian parches de color grisaceo donde quedaba la piel al descubierto y en sus ojos habia una mirada tan llena de inteligencia como de crueldad. Carraspeo y empezo a hablar, dirigiendose a la cortina que hacia de puerta de la tienda.
-"Excelencia, he dado orden de que se prepare la salida para dentro de media hora, si no teneis inconventiente"
-"Al contario, centurión su eficiencia es tan destacable como de costumbre. Estare listo para entonces."
Las palabras llegaron del interior de la tienda, en un latin digno del mismo Ciceron, pronunciadas con una voz igualmente culta y diafana.
Pinciano ya se habia vuelto para dirigirse hacia sus hombres cuando la voz hablo de nuevo.
-"Por cierto, Cneo Rutilio, creo que hoy sera el dia, al fin lo encontraremos y podras regresar a tu puesto".
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