miércoles, abril 12, 2006

Y EN SIRIA

Cneo Rutilio Pinciano alzo el cubo de madera del suelo con gesto de cansancio. Sí, estaba cansado, y no solo fisicamente, pensaba mientras arrojaba el cubo al agujero en el suelo que los nomadas del desierto osaban llamar pozo. Una vez mas su memoria retrocedio a un año y miles de milliarum de alli, a un campamento legionario en los bosques de Germania.
-"Que suerte tienes Rutilio, fellator, nosotros nos quedamos aqui y a ti te envian a Siria. Nosotros a aguantar el frio y a los sucios germanos y tu a disfrutar del vino y las bacantes en Antioquia."
Entonces se habia reido a carcajadas con los demas. Por qué su futuro parecia prometedor, muy prometeder. Trasladado de la esteril Germania Magna a la Legio VI Ferrata estacionada en una de las provincias mas ricas del Imperio y ascendido a Optio. Fortuna al fin le sonreia.
Y una mierda sonreia, la muy puta. Nada mas bajarse del barco le despacharon a un puesto de avanzada en pleno desierto. Un lugar olvidado por todos los dioses (al menos todos los dioses romanos), una estacion caravanera donde unas docenas de palmeras se arrimaban sedientas a un estanque, donde su superior, un centurion a punto de retirarse se pasaba el dia mamado, dejando en sus manos todo el trabajo.
Pero Cneo habia sacado fuerzas de flaqueza. Dado que las circustancias le convertian en centurion en funciones, sacaria partido de la situacion. Puso a la tropa en orden, haciendoles poner su equipo a punto como si fueran a dejar el puesto en cualquier momento, redujo a media ración a los que se habian dejado entrar en carnes y puso toque de queda a los legionarios. Al atardecer todos, salvo los que estuvieran de patrulla, debian volver al recinto amurallado del campamento. Nada de pasar la noche en las casas de adobe del pueblo con el que compartian el oasis, ni en las tiendas que los beduinos y los mercaderes itinerantes instalaban de cuando en cuando, llenas de vicios y tentaciones.
A un par de legionarios no les gusto el nuevo regimen. Desertaron y tuvo que perseguirles y crucificarlos, un proceso complicado en aquel lugar ,donde la madera no abundaba precisamente , pero al final se arreglaron con algunos travesaños de una litera y un par de palmeras. Otro imbecil intento atacarlo y tuvo que matarlo en el acto. Pero tras unos meses de tira y afloja la tropa se dio por vencida y todo empezo a funcionar al gusto de Cneo Rutilio Pinciano en aquel pequeño mundo. Y entonces....

...entonces llego Artemidoro.
Publicar un comentario