martes, julio 10, 2007

Historias para no Dormir

Gracias a un amigo estoy disfritando en los ultimos dias de la serie Historias para no Dormir, de Chicho Ibañez Serrador. Los episodios que estoy viendo son los de finales de los 60 (?o deberia decir los 1960?) y principios de los 70.

Para el gusto actual la factura puede resultar algo ingenua, pero en general la calidad es alta. Sobre todo me han interesado los comentarios que hace Ibañez Serrador antes de cada capitulo, por lo ilustrativos que son de aquella epoca. De aquella España de television en blanco y negro y solo una cadena de television, que hoy en dia nos parece tan lejana e inaprensible como el paleolitico, hasta a aquellos que la vivimos en parte.

Por ejemplo en la historia en dos capitulos de La Alarma, me sorprendi preguntandome porque el protagonista no utilizaba el movil en vez de hacerse llevar hasta una trastienda y llamar por un anticuado telefono de pared con marcacion por disco y dando el numero para que le lamaran de vuelta. Despues su interlocutor tardaba una eternidad en devolver la llamada porque la linea estaba ocupada por una señora contando su vida.

Una situacion bastante entretenida pero practicamente imposible de captar para mucha gente de menos veinte años que probablemente necesitaria una larga explicacion para captar toda la ironia en estos tiempos de moviles, internet y canales tematicos.

Tambien me dio que pensar la manera en que Ibañez Serrador se dirigia a los espectadores antes de la mayor parte de los episodios, comentando las quejas y felicitaciones recibidas, asi como las criticas en prensa de los programas. Un tipo de relacion con el espectador que hoy en dia nos parece ingenua y poco creible, en estos tiempos de seis canales en abierto y docenas de pago. Sin duda el hecho de saber que casi toda la audiencia del pais estaba delante de la television para ver tu programa, en una epoca en que internet y el video eran arcanos tecnologicos en manos de un puñado de expertos, debia añadir una buena carga de responsabilidad a las personas que realizaban aquellos programas. No se podia cambiar de canal, ni poner un dvd. La unica alternativa era no ver la tele. Y creo que eso se nota en la calidad de los programas, esa responsibilidad de ofrecer un entretenimiento de calidad, sabiendo que todos los ojos estaban fijos en ti.
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